Juan Larrea
Mar del Plata
Argentina

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PINTURA ABSTRACTA

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Juan larrea

"DEMARCACIONES MÍSTICAS : EN BUSCA DEL DORADO"

 

La obra de Juan Larrea describe una larga trayectoria profesional claramente vinculada con la corriente de la neobstracción, a la cual se integra en la década de los sesenta.

Aunque con una formulación siempre muy personal, su pintura adhiere por una parte a los principios constitutivos de la percepción visual, y por otra, aborda y continúa con las prácticas del concretismo.

La problemática que plantea la abstracción, como territorio sígnico no reconocible referencialmente, no le impide dar cuenta de una realidad que aparece sujeta a la coyuntura de lo poético. Por lo tanto la carencia simbólica no repercute tanto al proceso de vaciamiento de cualquier tipo de referente, sino fundamentalmente a su diversidad semántica.

El tema es que, en todo caso, esa semántica no es identificable lingüísticamente hablando. En otras palabras, la estética que postula Larrea no sólo es dueña de autonomía discursiva, sino a través de una singular sintaxis, nos permite establecer un recorrido por lo que podríamos denominar "demarcaciones místicas" . Dichas demarcaciones son las que percibimos como mundos sensibles, las cuales evocan una lengua anterior a la Lengua.

La referencia espacio utópico, tiene que ver en principio con lo que pone en juego esta pintura. Tanto la metafísica como el arte, son actitudes emotivas frente a la vida que colocan al descubierto una apertura del ser, una angustia instintiva situada más allá del conocimiento. "El Dorado" deviene en metáfora apropiada, a la hora de pensar su relación con la búsqueda de la luz y con la construcción de un espacio desde sus propias referencias internas y desde la obediencia a la ley de su propio deseo. Espacio en el cual se filtran inevitablemente todos los signos que la angustia y la fantasía liberan para poder sobrevivir. Las imagenes que conforman a las distintas series no son elaboradas como construcciones destinadas a justificar el desarrollo de una narrativa, ni siquiera fragmentaria. Si hay un relato es de contenido óptico y visual y en todo caso está hecho de ausencias, y si hay un gesto, pertenece al orden de lo metafísico. La seducción de Larrea reside en esa paradoja de libertad duramente controlada por un rigor compositivo, donde la forma establece un diálogo de estricta musicalidad entre el color y la luz. Así los planos adquieren volumen, proyectan sombras, sugieren profundidades y generan movimiento. Pero a pesar de la desnudez del procedimiento, el artificio del "trompe-l'oeil", se hace presente fingiendo denotar otras cosas. En ese momento nosotros, los espectadores, conscientes de que lo que importa es el "phatos" puesto a circular, justificamos y actualizamos esa funcionalidad despoblada; y hacemos del silencio y del poder del espacio el objeto de reflexión.

 

Blanca María Monzón Wernly

Curadora